GaitanGrita

Blog personal para publicar criticas, cronicas y reportajes de una Comunicadora Social Bogotana

martes, junio 27, 2006

como nos comunicamos

En todo, el ser humano abarca el lenguaje y dentro de esa utilización del lenguaje todo tiene significado, más allá de entenderlo a partir de reglas es necesario profundizarlo y no solo concentrarse: en el significado de las palabras, de su estructura, de ¿cómo suenan?, o ¿cómo están organizadas dentro de la expresiones?. También deben tenerse en cuenta todos los procedimientos que un individuo emplea para llevar a cabo un acto de habla. ¿ Qué significan las palabras, y los ruidos. Qué significa el lenguaje, y cómo lo utilizan los seres humanos? Ha sido la pregunta que los filósofos se han concentrado en analizar y entender.

¿ Cómo es posible que cuando un hablante está ante un oyente y emite una secuencia acústica ocurran cosas tan destacables como: el hablante quiere decir algo, el oyente comprende lo que quiere decir; el hablante hace un enunciado, plantea una pregunta o da una orden?

El hombre utiliza el lenguaje para poder comunicarse y para poder realizar prácticamente todas sus acciones, aclaro, que no solo me refiero a las palabras, sino a todos los mecanismos que los seres humanos empleamos para poder expresar algo que otra persona entienda. Por eso para los pensadores fue necesario delimitar el lenguaje común.

En el caso del filosofo John Langshaw Austin, él se interesa en clasificar los enunciados en realizativos y declarativos.

Algunas frases pueden catalogarse en falsas o verdaderas ya que brindan información precisa de algo, por ejemplo, al decir: “Antonio Nariño tradujo los derechos del hombre” se puede catalogar en verdadero, ya que se describe un hecho histórico, independiente de la intención, del emisor o del contexto. En este caso nos referimos a los declarativos.

Los realizativos se refieren a aquellas cosas o expresiones que implican acciones, John L. Austin establece una serie de parámetros que deben cumplirse para que un realizativo sea llevado a cabo con éxito:

1. Tiene que haber un procedimiento convencional, aceptado, dicho procedimiento debe incluir la emisión de ciertas palabras por ciertas personas en ciertas circunstancias.
2. Las personas y circunstancias deben ser apropiadas para recurrir al procedimiento particular que se emplea.
3. El procedimiento debe llevarse a cabo por todos los participantes en forma correcta.
4. En todos sus pasos.
5. El procedimiento requiere que quienes lo usan tengan ciertos pensamientos o sentimientos... quien participa en él y recurre así al procedimiento debe tener en los hechos tales pensamientos o sentimientos
6. Los participantes tiene que comportarse efectivamente así en su oportunidad.

Cumpliéndose estas seis reglas el realizativo será efectivo al incumplirse alguna de las cuatro primeras reglas Austin lo denomina desacierto o acto intentado, al fallar la 5 o la 6 es denominado abuso o pretendido. No obstante los realizativos carecen de representación textual dependiendo del contexto y de las intenciones de los partícipes en el realizativo.

Por ejemplo: el caso de un bautizo católico es un realizativo, pues deben llevarse a cabo las reglas mencionadas anteriormente. Debe ser realizado por la persona indicada, en este caso sería el sacerdote, los participantes necesariamente deben ser el niño a bautizar y los padrinos que lo llevan a que cumpla el acto del bautizo. La ceremonias católicas tienen un orden y de esta manera todos los pasos se llevan a cabo de la forma indicada con la participación del sacerdote, el niño y los padrinos, y finalmente los sentimientos de las personas son los adecuados a la situación.

De esta manera Austin muestra el lenguaje como una herramienta social que se emplea para describir o realizar cosas. De todas maneras al concluir las conferencias nos damos cuenta que la diferencia no es tajante ya que los declarativos dependen de los realizativos y los realizativos de los declarativos.

Desde este punto de vista realmente aún no sabemos si decir algo es lo mismo que hacer algo, entonces Austin para aclararlo llega a nuevas definiciones: Locucionarios que son actos al decir algo, por ejemplo: al decir: Váyase, el Acto Locucionarios sería: me dijo “Váyase”, en este caso no importa la intención, ni lo que se pretendía, es como una cita textual. Los Ilocucionaros son actos de decir algo donde la fuerza de la expresión es importante, en el mismo ejemplo, el acto Ilocucionario sería: Me ordeno que me fuera, en este momento ya se puede deducir: ¿qué es lo que el hablante quiso decir?. Y finalmente los Perlocucionarios se refieren a lo que el hablante logro en el oyente, en el ejemplo: hizo que me fuera, es la consecuencia de lo que se ha dicho, de la intención que tenía el hablante.

Sin embargo dentro de la Filosofía del Lenguaje es necesario analizar más allá de las reglas, pues los actos de habla no solo dependen de parámetros que estén establecidos, también debe reconocerse que quien comunica algo es porque tiene una intencionalidad, esto en el caso del hablante, y es esta la discusión que se plantea Grice para poder definir lo que realmente es el significado.

Pero ¿cómo es que la otra persona entiende lo que yo quiero decir?.

El hombre algunas veces no se expresa textualmente, es preciso tener en cuenta el contexto en que se desarrolla el acto de habla y la entonación que el hablante le da a las frases. Por ejemplo: cuando las personas dicen: “he llamado veinte mil veces”, no es porque realmente el hablante llamo veinte mil veces, esta frase utilizada comúnmente evoca varios significados, como: la persona realmente llamo muchas veces, o también puede evocarse como un sarcasmo, esto también depende de la fuerza ilocucionaria con la que se ha comunicado, para que el oyente interprete la expresión, si lo toma como un sarcasmo o una exageración, es de esta manera que se llega a la intencionalidad dentro del acto de habla.

Herbert Paul Grice alude a los significados naturales y a los significados no natrales, los naturales son específicamente los que ya se han establecido y específicamente estas expresiones naturales funcionan para el caso de las enfermedades, por ejemplo si decimos: él tiene tos, fiebre, congestión nasal, estornudos, inmediatamente pensamos: el tiene gripa, y al decir estos síntomas no podemos evocar a varios significados simplemente: “él tiene gripa”, no es como en el caso de los no naturales en los cuales a partir de las situaciones se pueden evocar varios significados.

Además para que las cosas puedan significar algo es necesario que halla una audiencia que reconozca lo que el hablante dice pues de nada sirve expresar algo si no hay un receptor al que lleguen los mensajes que el hablante emite.

¿cómo podemos evitar decir, por ejemplo, que “Jones es alto”
es parte de lo que se quiere decir con “Jones es atleta , puesto que
al decirle a alguien que Jones es un atleta lo haría tender a cree que Jones es alto”

En el caso de significados no naturales surge el dilema de lo que se sugiere a lo que se quiere decir, y esto ocurre frecuentemente en los actos de habla, muchas veces sucede que decimos algo, pero el receptor saca su propio significado a partir de los criterios que tiene, Grice alude a esto como una dificultad, porque al decir algo el receptor no solo esta entendiendo lo que se le dice sino que además esta sacando sus propias conclusiones.

Lo que queremos encontrar es la diferencia entre,
Por ejemplo, “deliberada y abiertamente hacer que alguien sepa” y “decirlo” y entre “hacer que alguien piense que” y “decirlo”

Pero más allá de que el oyente reconozca la intención del hablante al expresar un mensaje, es necesario que entienda que el hablante quiso se enterara que su intención era expresarle ese mensaje, es decir, formular mensajes de manera directa o indirecta.

En muchos casos puede confundirse cuando el hablante quiso expresar algo deliberadamente o cuando lo ha expresado involuntariamente, esto ocurre generalmente en el caso de los gestos, por ejemplo: si alguien esta sentado en la plazoleta, esta haciendo sol y frunce el ceño la audiencia puede interpretarlo de una u otra forma pues algunas personas pueden pensar que fruncía el ceño para expresar disgusto, mientras otras pensar que fruncía el ceño para evitar que la luz del sol entrara plenamente en sus ojos.

A pesar de esto para definir realmente porque todas las cosas en el proceso de la comunicación significan algo es necesario también analizar la posición del oyente, ¿porqué tienen un motivo para aceptar o creer los mensajes que recibe?

Esto generalmente depende de lo que nosotros, como oyentes queremos escuchar, pero en un proceso de comunicación hay más dificultades, una de ellas es cuando no hay un entendimiento por parte del receptor sobre lo que quiere expresar un emisor, entonces el oyente pregunta al hablante ¿qué fue lo que quiso decir?, y no siempre la respuesta va a ser una explicación precisa de lo que quería escuchar, ya que los individuos no hablamos textualmente y de esta manera las expresiones son complicadas, y para tratar de explicar algo las personas utilizamos diferentes palabras aunque se vaya a llegar a la misma conclusión.

A partir del profundo análisis de Grice el filosofo John R. Searle encuentra errores, él encuentra importante la definición de Grice en cuanto a la intención del hablante y el reconocimiento del oyente de dicha intencionalidad, pero algo más es inevitable en la exhaustiva observación de Grice.

“A pesar de que este análisis del significado es valioso
me parece que es defectuoso en ciertos aspectos. Primeramente
no logra distinguir entre los diferentes géneros de efectos
-perlocucionarios versus ilocucionarios-
que uno puede intentar producir en sus oyentes, y
además no logra mostrar la manera en que esos diferentes géneros
se relacionan con la noción de significado”

Realmente Grice no llega al punto de dar una delimitación entre actos perlocucionarios e ilocucionarios, pues no tiene en cuenta la posición del receptor y la entonación con la que se expresan los mensajes, el acto de habla no solo depende de la intención del hablante, y de que el oyente la reconozca; por lo tanto es clave tener en cuenta la respuesta que da el receptor ante lo que se comunica. Los actos ilocucionarios pueden llegar a convertirse en ordenes, preguntas, suplicas, etc. dependiendo de la fuerza ilocucionaria así el acto perlocucionario será el efecto que se logro a partir de la expresión y de la fuerza con la que se utilizo.

Además Searle reconoce otra falla en las definiciones de Grice pues el hablante al querer decir algo y no hacer evidente su intención al oyente (esto es involuntariamente) va a lograr que el receptor entienda el mensaje que efectivamente quiere expresar, por ejemplo: yo puedo querer decir: “hace frió” pero digo: “quiero un abrigo” de esta manera en el lenguaje decir “quiero un abrigo” significa que realmente quiero un abrigo y no que tengo frió, y de este modo lo puede entender el receptor.

“El significado es más que un asunto de intención,
es un asunto de convención”

De lo cual se concluye que los actos de habla tienen muchos elementos, no solo son palabras, no solo son ruidos que se emiten, no solo son gestos, ni siquiera son simplemente reglas, también es un contexto, un entorno en que nos encontramos y de esta manera una mueca o una señal puede evocar varios significados dependiendo del grupo de personas en el que participamos, no es lo mismo hacer señal de pistola en un grupo de amigos que hacerlo a un profesor, y de esta manera tampoco es lo mismo decir “marica” a un amigo que decir “marica” a un homosexual.
Independientemente los grupos sociales hemos inventado diferentes maneras de comunicarnos y estos sistemas no son los mismos para todas las personas, esto depende de las convenciones que las personas hemos establecido.

Finalmente el lenguaje no es tan minucioso pues para poder entender el uso común del habla es necesario extenderlo a la comunicación como tal y no restringirse por parámetros, indiscutiblemente es necesario tenerlo en cuenta pero el lenguaje es muy extenso y hablar de lenguaje no puede implicar exclusivamente el uso de palabras, sino de cierta manera como concuerdan los filósofos, todo obedece a convenciones, intenciones del hablante, del estado y respuesta del receptor y del contexto en el que se desenvuelve el proceso de comunicación.




























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